
Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.
Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.
¿Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!
Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.
Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre.
Amén.
Ant. 1 Suba mi oración, Señor, como incienso
en tu presencia.
SALMO 140, 1-9
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu
presencia, el alzar de mis manos como
ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me
reprenda, pero que el ungüento del impío no
perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca
de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso
en tu presencia.
* * *
Ant. 2 Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el
país de la vida.
SALMO 141
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante El mis afanes,
expongo ante El mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.
Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: "Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida".
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Gloria al padre...
Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el
país de la vida.
Ant. 3 El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios
lo levantó por los siglos de los siglos.
CANTICO Flp. 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el “Nombre-sobre- todo-nombre”;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla
se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre...
Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios
lo levantó por los siglos de los siglos.
PRECES:
S.- Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, y supliquémosle, diciendo:
Escucha a tu pueblo, Señor.
-Te pedimos, Señor, por tu Iglesia; para
que en ella brille siempre tu Palabra y
todos sus miembros seamos testigos de
tu amor en medio del mundo.
-Padre todopoderoso, haz que florezca en
la tierra la justicia, que todos los pueblo
vivan unidos, en armonía, y se alegre con
la paz.
-Que todos los pueblos entren a formar
parte de tu reino, y obtengan así la
salvación.
-Que los esposos cumplan tu voluntad,
vivan en concordia y sean siempre fieles
a su mutuo amor; para que los niños y los
jóvenes crezcan en ambientes de armonía
y fraternidad entrañables.
-Acoge con amor a los que han muerto hoy,
y a las victima del odio, de la violencia o de
la guerra y dales el descanso eterno.
S.- Te lo pedimos a Ti que vives y reinas
inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
ACCIÓN DE GRACIAS
MAGNÍFICAT
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones, porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí: su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
a favor de Abrahán y su descendencia
por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.