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¡FELIZ MISTERIO, FELIZ NAVIDAD!

Queridos amigos, nos llega una vez más la Navidad, la celebración del Dios hecho hombre, recordando así, uno de los más profundos misterios de nuestra fe. Lo decimos fácilmente, pero al profundizarlo ¡quedamos sorprendidos! Dios mismo, presente en la tierra, naciendo del seno de María, se hace carne, una carne que amará, como nosotros y que sufrirá, como nosotros, todo lo que un humano puede amar y sufrir. 

   La natividad del Niño Dios es una celebración del "si" de la Virgen, que sin reparos acepto la Voluntad de Dios. Ahora, con la Navidad, ese sí da un fruto, un bebé, pequeñito, indefenso, vulnerable, que nace en las afueras de una ciudad. Casi podríamos decir en la "humildad suprema", de no ser porque el Señor quiso humillarse aún más y morir también a las afueras de una ciudad, y ser más vulnerable todavía, y quedarse para siempre entre nosotros escondido en un pedacito de pan. Hoy, y cada día, en el Santísimo está también presente aquel Niño que, especialmente cada Domingo quiere compartir con todos su Pan y su Palabra.

   Esta fecha de profunda y alegre reflexión cristiana, es para todo bautizado fecha de gran alegría, porque en nombre de este Niño pequeñito, recibimos el privilegio del perdón. Porque por este Niño que nació en Belén, hoy podemos salvarnos.

   Ese Niño, menudo y tierno como todos los bebés, un día sorprendió a sus padres en el Templo hablando con los Doctores; convirtió el agua en vino; adormeció tempestades; convirtió a unos pobres pescadores en santos; multiplicó unos cuantos panes para alimentar a miles; proclamó las bienaventuranzas; entró triunfante en Jerusalén; fue traicionado por uno de los suyos, arrestado, flagelado y asesinado en una cruz; este bebé un día conoció la muerte, pero triunfó sobre ella. Este pequeño Niño renovó la historia del mundo, liberando a los pobres y oprimidos y humillando a los soberbios.

   Y hoy, aquí, ahora, en Diciembre de 2006, entre tecnología, ordenadores, micro-chips, discos compactos y tecnologías de toda índole, Jesús, pequeño y desnudo, sigue con nosotros. ¡Y seguimos viviendo sin pensar en los que nacen y mueren en las afueras de las ciudades, como Él! 

   La navidad para los católicos es una invitación a recordar con el corazón en la mano que Dios nos ama tanto, que nos ha dado a su Hijo. Esta época del año, en la que convivimos en familia haciéndonos regalos, abrazándonos unos a otros, es un momento de pausa para reflexionar seriamente sobre nuestras vidas, sobre el papel que tiene Dios en nuestra existencia diaria. La Navidad es ese momento que todos necesitamos de Esperanza y de Fe, que debe convertirse en amor a Dios y a nuestros hermanos, en caridad para el amigo y para el enemigo, por igual. 

   Pidámosle al Niño esta Navidad que nos conceda la gracia de la conversión hacia una vida cristiana plena, congruente y comprometida. Y si estas letras no te han inspirado un poco, busca esta noche alguna estrella, y quizá como a los pastores, alguna se destaque y te diga "ven, sígueme". Si esto ocurre, sin duda será la estrella del Niño.

Vuestros sacerdotes os desean a todos FELIZ NAVIDAD

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