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CARTA DE NAVIDAD DESDE LA PARROQUIA

Queridos hermanos:

  

                              Se nos  acerca  la  celebración  del nacimiento de Cristo en Belén, y están  tan  llenas  estas fiestas de cosas que se nos olvida con frecuencia  que  nace  por nosotros, "POR  MÌ y POR TÍ";  cada uno de los misterios de nuestra fe interpela de forma distinta, y el  "por mí" es un intento de hacerte, de hacernos a todos, conscientes de los impactos que cada misterio va dejando en nosotros, desde el encuentro que se produce con el misterio celebrado o contemplado. Tenemos que constatar en estas fiestas que la historia  de Cristo se hace nuestra propia historia. Desde las oscuridades de nuestras crisis, personales, sociales, económicas...  desde ellas podemos descubrir la luz que nos nace. Porque  nos  vemos  y conocemos cuando nos encontramos, cuando no es así, sólo nos cruzamos.

  

     "Una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado..." (Is. 9,1-6). "Gloria  a  Dios  en  las  alturas..."  (Lc. 2,1-20).  Se  ha  roto  la  distancia entre  Dios  y  la  historia  humana,  ha  desaparecido  el  abismo  porque  Él   ha   acampado   entre nosotros, se ha hecho  hermano, y  compañero de fatigas y gratitudes.

  

     Los hombres, tendemos a pensar a Dios en términos de poder, de grandeza. Pero Él aparece (como un sesgo) rompiendo los esquemas del mundo, tomando partido por  los despreciados, los marginados, los pequeños. Es  la  explicación  de  Dios, el Dios de la importancia de la debilidad. Cuantas veces nos quejamos de que no arregla las cosas, de  que no soluciona los problemas... pero si miramos despacio nuestra historia, la de cada día, no sólo encontraremos su presencia, encontraremos también el efecto de sus caricias más tiernas, de su protección entrañable y hasta de sus “milagros”. “¿Cómo es posible? ¿Cuántas gracias tenemos que darle?” Así, nos habéis comentado muchos ante el paseo de unos tigres por nuestras calles y que no pasara nada o ante el salto por los aires, varios cientos de metros, de una caldera de más de dos toneladas sin un solo rasguño a nadie. ¡Cuantas formas tiene Dios de ayudarnos!

  

     En la noche de Belén hay un contraste entre el anuncio y los signos: "El Mesías es un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre". Dios acoge así la pobreza solidaria, el sufrimiento  compartido,  no  soluciona  las  cosas  como  un  mago  sino que se hace copartícipe de los dolores del hombre, evitando así, por cargar con ellos, muchos dolores al hombre. Decía Ortega "Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre debe ser lo más grande del mundo". Pues, seamos hombres en toda la dimensión y plenitud de la palabra.

  

   ¡Nos ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor! pidámosle con confianza que nos invada a todos la ternura de Dios, para que con pequeños signos de austeridad y sencillez vivamos una NAVIDAD llena de gratitud y alegría.

  

                              ¡¡FELIZ NAVIDAD!!

                                                                Vuestros Sacerdotes.

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