
DOMINGO DE RAMOS
Homilia del DOMINGO DE RAMOS
Durante toda la Cuaresma nos hemos preparando con obras de penitencia y de caridad. Hemos intentado acercarnos a Cristo a través de las Charlas Cuaresmales, de las conferencias de sensibilización sobre Inmigración, de los Actos Penitenciales, del Quinario de Soledad o de los distintos conciertos que nos han elevado el espíritu y el Pregón de anoche mismo. Hoy, con la bendición de palmas y ramos de olivo, la procesión que acabamos de realizar y esta solemne misa, inauguramos con toda la Iglesia, la celebración de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Al preparar la celebración de hoy he querido fijarme en la última exclamación de Jesús “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu”.
PADRE: La palabra Padre, es más que una palabra, y cuando está dirigida a Dios es un nombre que encierra la plenitud del ser. Sí, porque los hombres podemos convertirnos en padres, pero no somos padres por ser hombres. Dios es padre por ser Dios. Es esencia del ser AMOR, no del quehacer.
Pueden pensar que es una pura matización filosófica, pero no es así. Toda realidad Divina tiene aplicación humana, y siempre con más importancia de la que solemos darle. Estoy convencido que la inmensa mayoría de los que estamos aquí, solemos pensar en cristiano pero no vivimos como tales, y quien no vive como piensa acaba pensando como vive. Esto tiene muchísima importancia en nuestras vidas y es aplicable a cantidad de realidades en las que desenvolvemos nuestra cotidianidad y en las que todos acabamos, cuando nos ocurre, sufriendo horriblemente. Acabamos echándole la culpa al cura, al político, al jefe, a la esposa/o, a los hijos... no hermanos, la culpa es de la distancia entre mi forma de pensar y mi estilo de vivir.
A TUS MANOS: Ponernos en las manos de los demás, con absoluta confianza, es algo que hoy no practicamos casi nadie. Cristo puede sufrirlo todo, hasta la muerte, porque se fía del Padre. Se pone en sus manos y muere orando, porque el “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” no es una queja de Jesús, ni una duda, como dicen los demagogos de la religión en la telebasura. Es un versículo del salmo 122, las oraciones de los judíos con las que rezaba cada día. Hoy no nos valen las oraciones de otros, no nos vale ni siquiera el Dios de otros, porque lo queremos a medida y a mi servicio como el televisor o el frigorífico, para poner el canal que me apetece, coger lo que me interesa y dejar lo que quiera. Un Dios de uso y consumo, de usar y tirar. La confianza, pues, uno de los factores imprescindibles de la realización humana, en profunda crisis. Acabamos desconfiando del cura del político, del jefe, de la esposa/o, de los hijos... no hermanos, no, la culpa es de la desconfianza con la que vivo.
ENCOMIENDO MI ESPÍRITU: La conciencia de filiación de Jesús, de haber recibido del Padre el Espíritu que ahora le entrega, no partió de sí, sino del amor que el Padre le tiene a Él. ¿Tenemos nosotros hoy algo de esta conciencia? ¿Nos sentimos amados por Dios? Más aún, ¿nos sentimos donados en todo lo que somos y tenemos? Desde lo pequeño, sí como el grano de mostaza de la parábola o como la levadura, que luego fermenta y crece y puede cobijar, donarse y realizarse en plenitud. Pero nosotros entendemos la dignidad sometida a la dignidad que manda, y no diferenciamos entre autoridad y poder. En cristiano la obediencia es otra cosa, es algo que hoy nos cuesta mucho comprender; es comunión, es familia en la que no hay jefe ni siervo, sino hermanos.
Padre, haz que aprendamos en la escuela de tu Hijo a entregar para nuestro bien y el de los demás, todo lo que hemos recibido de ti.
Ángel-Daniel de Toro Gonzalez