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"LA RESURRECCIÓN: Clave del Acontecimiento Cristiano"

    Tras más de 2000 años sigue siendo Jesús de Nazaret, un enigma para millones de hombres y mujeres de todo el mundo, pero… «¿Quién es Jesús, llamado el Cristo?». Fundamentalmente; ¡EL RESUCITADO!

   Si queremos ser serios hemos de partir de acontecimientos objetivos, y el primer impulso a la historia cristiana no fue algo que podamos considerar subjetivo. No hay una intuición perspicaz, una teoría genial, una experiencia psicológica, una fantasía estética, una autosugestión, una elaboración consoladora, no hay nada de todo esto, hay un hecho, constatado y transmitido por los primeros cristianos, que aún siendo enigmático, envuelve todo el acontecimiento cristiano: LA RESURRECCIÓN.

   Sólo la solidez de un hecho, de algo realmente sucedido, podía mantener la fe, aceptando la misma escena de Aquel de quien, según el parecer de todos, había sido vencido, humillado, aniquilado hasta la muerte y una muerte de cruz. Sólo un retorno físico, palpable, del cuerpo vivo podía vencer el trauma de aquel cadáver, escrutado con los ojos aterrorizados de los primeros discípulos. Cualquier otra forma de retorno o encuentro no habría cambiado nada. Un Jesús que fuese un espectro no habría conseguido el objetivo.

   En este sentido, para ningún judío, una Resurrección sin cuerpo, sólo espiritual, podía tener algún significado, era incluso impensable para ellos. Para que un judío se convenciera de un hecho eventual como éste, tenía necesidad de tocar el cuerpo.

   Quienes interpretan que en el origen de la fe hubo una equivocación psicológica, una visión, un fantasma, no saben que un judío no es un griego, para quien la única inmortalidad posible era la del alma. Un judío auténtico era por ejemplo Tomás. Este dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto la mano en su costado, no creeré» Jn. 20,24-29. «Esta era la mentalidad judía, que sólo podía ser vencida con un hecho concreto, real y palpable».

   El relato evangélico es inequívoco al respecto, mientras que pensaban que veían un fantasma los apóstoles se sentían sólo estupefactos y atemorizados (Leer Mc. 16,9-18 y paralelos), no desde luego creyentes y mucho menos testigos. Por ello, el Resucitado se ve obligado a exhibir las pruebas de su nuevo SER.

   En el Evangelio de Lucas 24,36-40, se lee que «Jesús dijo: ¿Por qué os sentís turbados y surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies, soy yo. Tocadme y mirad, un fantasma no tiene carne y huesos como veis que tengo yo. Diciendo esto, les mostró las manos y los pies». Pero esas palabras no bastaron para diluir todas las perplejidades. Jesús se somete a un segundo examen. Es también Lucas quien lo relata: «debido a que por la gran alegría, todavía no creían y estaban estupefactos, dijo: ¿Tenéis algo para comer? Le ofrecieron un pedazo de pescado asado. Lo tomó y lo comió delante de ellos» Lc. 24,41-46.

   El evento PASCUAL de Cristo es una propuesta de cambio total, un cambio que, más allá de los pensamientos, sentimientos y esperanzas, toca la sustancia profunda de quien se abre a su provocación.

   Si recurrimos a la filosofía, encontramos ejemplos como los siguientes; el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951), el cual aun no siendo creyente, en 1937 anotaba lo siguiente: «Pienso que el cristianismo no es una doctrina, no es una teoría de lo que ha sido y lo que será en el porvenir humano, sino una descripción de un acontecimiento real». Así mismo el filósofo y teólogo danés Soren Aabye Kierkegaard (1813-1906) decía que «el cristianismo no es una doctrina sino una comunicación de la existencia».

   El cristianismo, pues, ya desde su contenido primero y principal es algo único, decisivo, incomparable. Porque el cristianismo, antes que una religión, una moral, un culto, o una filosofía, es el acontecimiento de la Resurrección de Jesús de Nazaret que se hace principio de la renovación de los hombres y de las cosas. Por eso Jesús no es un personaje más de la historia, sino alguien que influye en más de mil millones de personas que creen en Él y en su mensaje.

   Esta es la razón por la que el cristianismo no podrá nunca tener un post, porque las doctrinas nacen, hacen cultura, encantan por decenios, quizá por siglos, luego decaen y mueren. El acontecimiento cristiano queda porque es un hecho, y este permanece independientemente de la acogida que de él se haga y de las adhesiones que reciba. El acontecimiento de la resurrección de Cristo, por ser acontecido, palpado y vivido, permanecerá para siempre.

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos los hombres de buena voluntad!

 

¡Feliz Pascua a todos los que creen y esperan en la Resurrección!

 

  Ángel-Daniel de Toro González 

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