

Cristo, alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre
¡Bendita la mañana
que anuncia tu esplendor al universo!
En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.
La mañana celebra
tu resurrección y se alegra
con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra
como un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.
En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no pequemos
contra la claridad de tu presencia.
Ant. 1 Bendito el que viene en nombre del
Señor. Aleluya.
SALMO 117
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
El es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, El nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre...
Ant. Bendito el que viene en nombre del
Señor. Aleluya.
Ant. 2 Cantemos un himno al Señor, nuestro
Dios. Aleluya.
CÁNTICO Dn. 3, 52-57
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.
Criaturas todas del Señor, Bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ant. 2 Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios.
Aleluya.
Ant. 3 Alabad al Señor por su inmensa
grandeza. Aleluya.
SALMO 150
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Gloria al Padre...
Ant. Alabad al Señor por su inmensa
grandeza. Aleluya.
PRECES:
S. -Pidamos al Señor y digámosle con confianza:
Cristo, sé nuestra luz y nuestro gozo.
-Señor Jesús, primicia de la resurrección, haz
que no vivamos nunca en sobras de muerte.
-Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas
las criaturas están llenas de tus perfecciones.
-No permitas que nos dejemos vencer por el
mal, danos fuerzas para que lo venzamos
nosotros a fuerza de bien.
-Tú que fuiste ungido con el Espíritu Santo,
asístenos siempre con este mismo Espíritu
de santidad.
-Concédenos un domingo lleno de convivencia
familiar pacífica y fraterna.
S. -Ponemos en tus manos nuestros mejores
deseos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros
enemigos y de la mano de todos los que
nos odian; realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza y el
juramento que juró a nuestro padre
Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
y arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro
Dios, nos visitará el Sol que nace de lo
alto,
para iluminar a los que viven en tristeza
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.